miércoles, 20 de julio de 2011

Dimensiones adicionales y universos paralelos, realidades incompatibles

Se ha puesto de moda últimamente la especulación acerca de las posibles dimensiones adicionales y de la posibilidad de la existencia de universos paralelos al nuestro, o mejor dicho, al que creemos que conocemos, y al que incluso nos atrevemos a poner límites espacio-temporales, como quien exala bocanadas de humo desde un cómodo sillón.

La posibilidad de que existan dimensiones adicionales a las cuatro que intervienen supuestamente en nuestra existencia, a saber: alto, ancho, profundo y tiempo, y que maneja la física euclídea a través de las variables x, y, z, t, es algo más que un entretenimiento de freaks de los números y de las subpartículas, en sus largas y edificantes noches de insomnio.

Es una teoría que resolvería tantas ecuaciones y que tiene tal grado de verosimilitud y probabilidades de ser cierta, que más que considerarse como a una teoría ya se acepta en los círculos académicos casi como un hecho probado, y de hecho puede que lo esté ya dado que ya se ha conseguido que unas partículas se encuentren en dos sitios diferentes al mismo tiempo, es decir, que el mito aquel de la teletransportación que hemos visto todos en las películas de ciencia ficción, ya se ha conseguido a pequeña escala en los laboratorios.

La segunda posibilidad que se contempla y por lo visto van de la mano a todas partes, es la de los universos paralelos, algo que en mi opinión no tiene fundamentos lógicos porque es incompatible con la teoría de las dimensiones adicionales, y es lo que trataré de explicaros en este nuevo post o capítulo de Sofía y Ciencia (no temáis, no será muy largo).

Bastante complicada se nos plantea la física en estos tiempos en que comenzamos a comprender que nos encontramos encerrados en un mundo de cuatro dimensiones con a única salida de la muerte, y que una o más dimensiones se encuentran ahí fuera sin que podamos diseccionarlas, como para plantearnos la incongruencia de universos paralelos con las mismas posibilidades, o aún mayores, de albergar sus propias físicas, sus propias dimensiones adicionales, y sus propios universos paralelos. Me parece que tantos no cabemos.

Y no cabemos tantos porque o bien, tenemos paralelos de cuatro dimensiones como éste, o bien, es un único universo multidimensional el que se cierne ante nuestros ojos cerrados ¿Por qué? creo que es muy sencillo y todos lo entenderéis, y para explicarlo voy a recurrir al mismo ejemplo que me pusieron a mí para explicar la teoría de las dimensiones adicionales.

Las dimensiones adicionales se explican mediante un supuesto universo en el cual en vez de cuatro dimensiones racionales tuviéramos sólo tres, el ancho, el alto y el tiempo. Nos moveríamos entonces por ese universo como hormigas planas sobre una hoja de papel y no tendríamos acceso a una realidad superior o ampliada en la cual nos pudiéramos desplazar en profundidad, como en nuestro universo ordinario.

Haríamos la vida normal de movernos, desarrollarnos, multiplicarnos (que no se nos olvide) y viviríamos ajenos a esa dimensión Z que no podríamos sentir. Si se acercara a nosotros un ser de cuatro dimensiones y nos viera desde la dimensión adicional nosotros no podríamos verle porque nuestros sentidos estarían capacitados exclusivamente para el universo plano en que vivimos.

Si este ser de la dimensión adicional pusiera su dedote sobre la hoja de papel de nuestro mundo nosotros sólo veríamos una un círculo sobre el que girar de izquierda a derecha o en sentido contrario pero jamás podríamos saltar por encima de ese círculo precisamente porque seríamos planos.

Ahora bien, imaginen que algunos de esos bichitos de tres dimensiones que pululan por la hija se aburren mucho y empiezan a especular acerca de la existencia de otras hojas que dispuestas paralelamente podrían acumularse unas junto a otras, bien apretaditas, llegando a formar un libro. se pondrían muy contentos y publicarían muchos artículos en las principales revistas científicas y en las no científicas a las que les faltasen verdaderas noticias para rellenar algún hueco, y se convertirían en famosos de freakilandia, gurús de la física teórica y sacerdotes o teólogos de la ciencia tridimensional en la que habrían nacido.

Brindaría por ellos, pero habría un discreto detalle con el que no habían contado, se les ha olvidado que el mundo de cualquier dimensión es continuo y no funciona a saltos.

Por mucho que en el LHC (Colisionador de Hadrones de talla Grande) del CERN dé la impresión de que si acercamos mucho dos partículas de repente dan el salto y se funden, o que si disparamos a una partícula gorda otras partículas muy pequeñas como si fueran balas, a pesar de la poca puntería que tenemos llega un momento que acertamos en la diana y la partícula gorda salta en pedazos, aunque todo eso nos parezcan fenómenos discretos, es decir, saltos, es sólo una apreciación de nuestra precaria observación y el universo es continuo por más que utilicemos marcas para medirlo.

Discretas son nuestras medidas, mas no lo que es medible. Podemos coger un árbol o una vaca y decir, uno, ok algo discreto. No podemos decir pi vacas, o fi árboles, hemos de decir una, dos, cinco, 3.000.000.000 de vacas o lo que se quiera los objetos son contables, discretos, pero los contenidos no, los conceptos no. Si decimos un tercio de vaca eso ya es carne pero no un vaca.

El universo es un concepto, es el contenido y el contenedor a la vez, por lo que si decimos cinco universos paralelos estarían contenidos en algún recipiente universal y sería, por tanto, este recipiente el nuevo universo a observar.

Tampoco podemos decir medio universo o 75 céntimos de universo, porque tendríamos chuletas para enorme barbacoa pero no más leche.

El universo es un continuo sin límites en ninguna de las dimensiones conocidas, y hablar de universos paralelos o perpendiculares es un absurdo, un atraco a mano armada a la inteligencia, porque de haber más dimensiones, planos, cubos, hipercubos o lo que fuere, estarán contenidos en éste, por definición.

Los últimos avances en física son determinantes en cuanto a la percepción que tenemos de la materia, no del universo (del contenido, no del continente). Estamos comprobando como las matemáticas fallan, que en determinadas condiciones uno más uno tienen menos masa que cada uno por separado, que la luz tiene masa y que el responsable de la carga o neutralidad de un partícula es otra partícula mucho más pequeña que es como la luz pero atrapada en la partícula más grande, y que en determinadas condiciones se puede forzar a la materia para que se comporte como antimateria al menos durante un breve período de tiempo, que aunque es muy pequeño demuestra la existencia de antimateria en el universo con un alto grado de probabilidad, aunque se estima que en menor cantidad que la materia.

Esto no quiere decir que tengamos un universo de materia y otro de antimateria, como tampoco hay un universo de materia brillante y otro de materia oscura, porque sea lo que sea lo que tengamos en el universo está contenido en él y él lo contiene.

La palabra multiverso es una contradicción que le encantaría a Unamuno, una aberración sin sentido que sólo sirve para justificar la presencia en la tele o en revistas de algún erudito con otra idea feliz sobre el Big Bang.

Antes de lanzar cualquier teoría se deberían respetar un poco más los estándares y los cánones que nos sirven para entendernos, porque son las reglas del juego.

Antes de redactar este artículo pensé titularlo "demoliendo la teoría del multiverso" pero dicho título otorgaría a ese absurdo planteamiento un carácter de estructura o proporción que no tiene, como si hubiera algo que poder demoler, como si se pudiera derruir una payasada del circo actual de la física.

Un multiverso es únicamente un atentado al lenguaje, por tanto, el problema de compatibilidad carece de importancia ante un fascinante reto intelectual y filosófico que se plantea en este nuevo escenario avalado por los últimos experimentos en física de partículas, que es la posibilidad de un universo multidimensional.

El universo multidimensional sí es legal desde el punto de vista semántico y una teoría, en mi opinión, sólida y tremendamente interesante, que daría consistencia a las soluciones que nos arrojan las ecuaciones actuales, al comportamiento de las partículas a nivel cuántico, e incluso resolvería las principales cuestiones místicas descritas por clásicos como los vedas y los cuentos egipcios de ultratumba, o lo que es lo mismo, todas las religiones monoteístas que evolucionaron a partir de estos. Si hay algún concepto que podría explicar la vida después de la muerte, con o sin reencarnación, tal y como es descrita por los místicos como una consciencia en plenitud por encima de la materia y el tiempo, ese concepto es el de la quinta dimensión.

Volviendo al ejemplo con que iniciábamos esta disertación, pero extrapolando los detalles a nuestro plano cúbico-temporal, si un ser de la quinta dimensión pusiera un dedo sobre nuestro mundo cuadridimensional, tampoco lo podríamos ver, evidentemente, pero su efecto sería posiblemente, la súbita aparición de una esfera en el aire, la forma predilecta del universo observable.

Podríamos seguir fundamentando el universo multidimensional con los escombros del multiverso si es que los hubiera, pero sería redundar en lo ya dicho, por lo que podríamos terminar este aporte con una frase no tan grosera como clásica, pero como hablábamos de esferas: por pelotas no existen los multiversos.

No te lo tomes mal, querido Stephen.

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